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Encuentro con el cuerpo y sus símbolos

El amor romántico: economía, utopía emocional, frustraciones y desigualdades – cuatro artículos de ssociologos.com

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El amor romántico impide el reparto equitativo del dinero en las parejas

La investigadora Amaia Agirre, de la Universidad del País Vasco, ha analizado la gestión y negociación del dinero en parejas que se autodefinen como igualitarias. Uno de los principales obstáculos identificados es que el ideal del amor romántico –muy extendido en nuestra sociedad– hace incompatible los lazos afectivos con la defensa de intereses individuales.

Cuando una pareja llega al punto de la negociación económica, de forma más o menos explícita, se pone en evidencia si su relación es igualitaria o no. Esto es así porque las relaciones económicas prácticas tienen consecuencias en el plano simbólico, y viceversa.

Esta es una cuestión fundamental a tener en cuenta ya que configura los equilibrios de poder que se establecen dentro de la pareja y, en buena medida, son el reflejo de las relaciones económicas que se dan en la sociedad.

“Plantear negociaciones sobre la gestión económica redunda en una mayor igualdad de género. Sin embargo, uno de los principales obstáculos para dichos pactos dentro de la pareja es el ideal de amor romántico imperante en nuestra sociedad”, explica a Sinc Amaia Agirre, de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU).

El amor romántico es la ideología que pone en el centro de las relaciones sociales y afectivas la relación de pareja entendida como una unidad “indisoluble y aproblemática”, añade Agirre. Es decir, considerar que la pareja es una unidad y, por lo tanto, defender intereses propios e individuales se vive como un aspecto problemático.

Para el estudio, la investigadora llevó a cabo entrevistas en profundidad de entre 90 min y 120 min de duración a 30 personas diferentes que se autodenominaron como igualitarias en su relación de pareja. Además, utilizó datos cuantitativos de la sociedad vasca que reflejan la situación global y estructural, recogidos por Instituto Vasco de Estadística (EUSTAT).

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Tres formas de gestionar el dinero

Los tres modelos de reparto de capital que se identificaron fueron: propiedad del dinero en parte común y en parte propia, toda la propiedad del dinero en común y propiedad individual del dinero.

“El modelo más practicado por las parejas que se definen ‘igualitarias’ es el de diferenciar el dinero entre común y propio, como instrumento para mantener la individualidad frente al ideal de amor romántico, y como mecanismo de evitar conflictos ulteriores”, declara Agirre.

Las variables que más influyen en que la pareja escoja una u otra opción son la edad, tener descendencia o no, y considerar la negociación como fundamental. El trabajo no encontró diferencias significativas entre los testimonios de parejas homosexuales y heterosexuales.

“Esta investigación es extensible a otras partes de Europa. La muestra utilizada es del País Vasco –no de toda España–, pero existen trabajos previos de Capitolina Díaz, presidenta de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas, que los corroboran y que comparan la situación entre España, EE UU, Holanda y Suecia”, concluye la experta. 

Referencia bibliográfica:

Amaia Agirre Miguélez. “El dinero en la pareja: reflexiones sobre relaciones de pareja igualitarias”. RES 23: 9-27, 2015.

mayo 4, 2015 by Ssociólogos

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El Amor Romántico como utopía emocional de la posmodernidad

septiembre 25, 2013 by Ssociólogos 11 Comments

El amor en la posmodernidad es una utopía colectiva que se expresa en y sobre los cuerpos y los sentimientos de las personas, y que, lejos de ser un instrumento de liberación colectiva, sirve como anestesiante social.

El amor hoy es un producto cultural de consumo que calma la sed de emociones y entretiene a las audiencias. Alrededor del amor ha surgido toda una industria y un estilo de vida que fomenta lo que H.D. Lawrence llamó “egoísmo a dúo”, una forma de relación basada en la dependencia, la búsqueda de seguridad, necesidad del otro, la renuncia a la interdependencia personal, la ausencia de libertad, celos, rutina, adscripción irreflexiva a las convenciones sociales, el enclaustramiento mutuo…

Este enclaustramiento de parejas propicia el conformismo, el viraje ideológico a posiciones más conservadoras, la despolitización y el vaciamiento del espacio social, con notables consecuencias para las democracias occidentales y para la vida de las personas. Las redes de cooperación y ayuda entre los grupos se han debilitado o han desaparecido como consecuencia del individualismo y ha aumentado el número de hogares monoparentales. La gente dispone de poco tiempo de ocio para crear redes sociales en la calle, y el anonimato es el modus vivendi de la ciudad: un caldo de cultivo, pues, ideal para las uniones de dos en dos (a ser posible monogámicas y heterosexuales).

De este modo, nos atrevemos a afirmar que los modelos de relación erótica y amorosa de la cultura de masas están basadas en la ideología del “sálvese quién pueda”. Mucha gente se queja de que los amores posmodernos son superficiales, rápidos e intensos, como la vida en las grandes urbes. Es cada vez más común el enamoramiento fugaz, y pareciera que las personas, más que lograr la fusión, lo que hacen es “chocar” entre sí.

Creo, coincidiendo con Erich Fromm, que a pesar de que el anhelo de enamorarse es muy común, en realidad el amor es un fenómeno relativamente poco frecuente en nuestras sociedades actuales: “La gente capaz de amar, en el sistema actual, constituye por fuerza la excepción; el amor es inevitablemente un fenómeno marginal en la sociedad actual”. Y lo es porque el amor requiere grandes dosis de apertura de uno mismo, de entrega, generosidad, sinceridad, comunicación, honestidad, capacidad de altruismo, que chocan con la realidad de las relaciones entre los hombres y las mujeres posmodernas.

Por eso creo que el amor, más que una realidad, es una utopía emocional de un mundo hambriento de emociones fuertes e intensas. En la posmodernidad existe un deseo de permanecer entretenido continuamente; probablemente la vida tediosa y mecanizada exacerba estas necesidades evasivas y escapistas. Esta utopía emocional individualizada surge además en lo que Lasch denomina la era del narcisismo; en ella las relaciones se basan en el egoísmo y el egocentrismo del individuo.

Las relaciones superficiales que establecen a menudo las personas se basan en una idealización del otro que luego se diluye como un espejismo. En realidad, las personas a menudo no aman a la otra persona por como es, en toda su complejidad, con sus defectos y virtudes, sino más bien por cómo querría que fuese. El amor es así un fenómeno de idealización de la otra persona que conlleva una frustración; cuanto mayores son las expectativas, más grande es el desencanto.

El amor romántico se adapta al individualismo porque no incluye a terceros, ni a grupos, se contempla siempre en uniones de dos personas que se bastan y se sobran para hacerse felices el uno al otro. Esto es bueno para que la democracia y el capitalismo se perpetúen, porque de algún modo se evitan movimientos sociales amorosos de carácter masivo que podrían desestabilizar el statu quo. Por esto en los medios de comunicación de masas, en la publicidad, en la ficción y en la información nunca se habla de un “nosotros” colectivo, sino de un “tú y yo para siempre”. El amor se canaliza hacia la individualidad porque, como bien sabe el poder, es una fuerza energética muy poderosa. Jesús y Gandhi expandieron la idea del amor como modo de relacionarse con la naturaleza, con las personas y las cosas, y tuvieron que sufrir las consecuencias de la represión que el poder ejerció sobre ellos.

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El amor constituye una realidad utópica porque choca con la realidad del día a día, normalmente monótona y rutinaria para la mayor parte de la Humanidad. Las industrias culturales actuales ofrecen una cantidad inmensa de realidades paralelas en forma de narraciones a un público hambriento de emociones que demanda intensidad, sueños, distracción y entretenimiento. Las idealizaciones amorosas, en forma de novela, obra de teatro, soap opera, reality show, concurso, canciones, etc. son un modo de evasión y una vía para trascender la realidad porque se sitúa como por encima de ella, o más bien porque actúa de trasfondo, distorsionando, enriqueciendo, transformando la realidad cotidiana.

Necesitamos enamorarnos del mismo modo que necesitamos rezar, leer, bailar, navegar, ver una película o jugar durante horas: porque necesitamos trascender nuestro “aquí y ahora”, y este proceso en ocasiones es adictivo. Fusionar nuestra realidad con la realidad de otra persona es un proceso fascinante o, en términos narrativos, maravilloso, porque se unen dos biografías que hasta entonces habían vivido separadas, y se desea que esa unión sitúe a los enamorados en una realidad idealizada, situada más allá de la realidad propiamente dicha, y alejada de la contingencia. Por eso el amor es para los enamorados como una isla o una burbuja, un refugio o un lugar exótico, una droga, una fiesta, una película o un paraíso: siempre se narran las historias amorosas como situadas en lugares excepcionales, en contextos especiales, como suspendidas en el espacio y el tiempo. El amor en este sentido se vive como algo extraordinario, un suceso excepcional que cambia mágicamente la relación de las personas con su entorno y consigo mismas.

Sin embargo, este choque entre el amor ideal y la realidad pura se vive, a menudo, como una tragedia. Las expectativas y la idealización de una persona o del sentimiento amoroso son fuente de un sufrimiento excepcional para el ser humano, porque la realidad frente a la mitificación genera frustración y dolor. Y, como admite Freud (1970), “jamás nos hallamos tan a merced del sufrimiento como cuando amamos; jamás somos tan desamparadamente infelices como cuando hemos perdido el objeto amado o su amor”.

Quizás la característica más importante de esta utopía emocional reside en que atenúa la angustia existencial, porque en la posmodernidad la libertad da miedo, el sentido se ha derrumbado, las verdades se fragmentan, y todo se relativiza. Mientras decaen los grandes sistemas religiosos y los bloques ideológicos como el anarquismo y el comunismo, el amor, en cambio, se ha erigido en una solución total al problema de la existencia, el vacío y la falta de sentido.

Otro rasgo del amor romántico en la actualidad es que en él confluyen las dos grandes contradicciones de los urbanitas posmodernos: queremos ser libres y autónomos, pero precisamos del cariño, el afecto y la ayuda de los demás. El ser humano necesita relacionarse sexual y afectivamente con sus semejantes, pero también anhela la libertad, así que la contradicción es continua, y responde a lo que he denominado la insatisfacción permanente, un estado de inconformismo continuo por el que no valoramos lo que tenemos, y deseamos siempre lo que no tenemos, de manera que nunca estamos satisfechos. A los seres humanos nos cuesta hacernos a la idea de que no se puede tener todo a la vez, pero lo queremos todo y ya: seguridad y emoción, estabilidad y drama, euforia y rutina.

La insatisfacción permanente es un proceso que nos hace vivir la vida en el futuro, y no nos permite disfrutar del presente; en él se aúna esa contradicción entre idealización y desencanto que se da en el amor posmoderno, porque la nota común es desear a la amada o el amado inaccesible, y no poder corresponder a los que nos aman. La clave está en el deseo, que muere con su realización y se mantiene vivo con la imposibilidad.

Si la primera contradicción amorosa posmoderna reside fundamentalmente en el deseo de libertad y de exclusividad, la segunda reside en la ansiada igualdad entre mujeres y hombres. Por un lado, la revolución feminista de los 70 logró importantes avances en el ámbito político, económico y social; por otro, podemos afirmar que el patriarcado aún goza de buena salud en su dimensión simbólica y emocional.

En algunos países las leyes han logrado llevar las reivindicaciones de los feminismos a la realidad social, pese a que la crisis económica nos aleja aún más de la paridad y la igualdad de mujeres y hombres en el seno de las democracias occidentales. Además de esta ansiada igualdad legal, política y económica, tenemos que empezar a trabajar también el mundo de las emociones y los sentimientos. El patriarcado se arraiga aún con fuerza en nuestra cultura, porque los cuentos que nos cuentan son los de siempre, con ligeras variaciones. Las representaciones simbólicas siguen impregnadas de estereotipos que no liberan a las personas, sino que las constriñen; los modelos que nos ofrecen siguen siendo desiguales, diferentes y complementarios, y nos seguimos tragando el mito de la media naranja y el de la eternidad del amor romántico, que se ha convertido en una utopía emocional colectiva impregnada de mitos patriarcales.

Algunos de ellos siguen presentes en nuestras estructuras emocionales, configuran nuestras metas y anhelos, seguimos idealizando y decepcionándonos, y mientras los relatos siguen reproduciendo el mito de la princesa en su castillo (la mujer buena, la madre, la santa,) y el mito del príncipe azul (valiente a la vez que romántico, poderoso a la par que tierno). Muchos hombres han sufrido por no poder amar a mujeres poderosas; sencillamente porque no encajan en el mito de la princesa sumisa y porque esto conlleva un miedo profundo a ser traicionados, absorbidos, dominados o abandonados.Los mitos femeninos han sido dañinos para los hombres porque al dividir a las mujeres en dos grupos (las buenas y las malas), perpetúan la deigualdad y el miedo que los hombres sienten hacia las mujeres. Este miedo aumenta su necesidad de dominarlas; el imaginario colectivo está repleto de mujeres pecadoras y desobedientes (Eva, Lilith, Pandora), mujeres poderosas y temibles (Carmen, Salomé, Lulú), perversas o demoníacas (las harpías, las amazonas, las gorgonas, las parcas, las moiras).

Paralelamente, multitud de mujeres han besado sapos con la esperanza de hallar al hombre perfecto: sano, joven, sexualmente potente, tierno, guapo, inteligente, sensible, viril, culto, y rico en recursos de todo tipo. El príncipe azul es un mito que ha aumentado la sujeción de la mujer al varón, al poner en otra persona las manos de su destino vital. Este héroe ha distorsionado la imagen masculina, engrandeciéndola, y creando innumerables frustraciones en las mujeres. El príncipe azul, cuando aparece, conlleva otro mito pernicioso: el amor verdadero junto al hombre ideal que las haga felices.

Pese a estos sueños de armonía y felicidad eterna, las luchas de poder entre hombres y mujeres siguen siendo el principal escollo a la hora de relacionarse libre e igualitariamente en nuestras sociedades posmodernas; por ello es necesario  seguir luchando por la igualdad, derribar estereotipos, destrozar los modelos tradicionales, subvertir los roles, inventarnos otros cuentos y aprender a querernos más allá de las etiquetas.

Artículo de Coral Herrera Gómez , autora del Blog El rincon de Haika, visto en entretantomagazine.com

http://ssociologos.com/2013/09/25/el-amor-romantico-como-utopia-emocional-de-la-posmodernidad/

 

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¿Fueron felices y comieron perdices? Las frustraciones del mito del amor romántico

febrero 24, 2013 by Ssociólogos 5 Comments

Que la pareja es el mejor estado posible, que en las relaciones no caben las dudas o los conflictos, que todo es para siempre… La sociedad promueve un ideal que no se corresponde con la realidad, que genera frustraciones y confusión. “Al final, el amor acaba teniendo una importancia desmesurada”, dice la escritora Beatriz Gimeno.

Cenicienta y su príncipe azul se casaron, fueron felices y comieron perdices. Lo mismo sucedió con Blancanieves, Ariel la Sirenita o Bella y con tantas otras princesas de cuentos y películas. Pero ¿qué pasó el día siguiente a la boda?, ¿y dos años después?, ¿y diez años? ¿Seguían felices? ¿Compartían las tareas domésticas? ¿Respetaban sus carreras profesionales? ¿Se seguían atrayendo? ¿Cómo solucionaban sus problemas?

El día de San Valentín pone en evidencia que el mito del amor romántico y los tópicos que lo rodean siguen extendiéndose como la pólvora. “El amor no es malo, lo que es malo es mantenerun ideal de amor que no se corresponde a la realidad, un amor que se considera que si es de verdad, será para siempre, en el que no caben dudas o contradicciones, en el que no hay momentos en que quieras y otros que no, un amor en el que pasas del enamoramiento a pasar toda la vida juntos. Esas ideas crean confusiones y frustraciones. Los cuentos y las películas se acaban con la boda pero nadie nos dice qué pasa después”, explica Ianire Estébanez, psicóloga y autora de ‘Mi novio me controla lo normal’, un blog en el que desmonta los mitos del amor romántico.

Coral Herrera, consultora en género y autora de una tesis doctoral sobre el tema, explica que el esquema del amor romántico apenas ha cambiado: “Es una utopía emocional, encontrar un príncipe azul con el que ser feliz, casarse, tener hijos, una hipoteca… Se pretende que la persona encaje en un esquema ideal“. Un modelo ideal en el que tener pareja es considerado el mejor estado posible, la soledad tiene connotaciones negativas, no caben las dudas o los conflictos dentro de las relaciones, y simplemente todo irá bien.

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‘Lo dejaría todo por ti’. ‘El amor exige sacrificios’. ‘Sin ti no soy nada’. ‘El amor lo puede todo’. ‘Busco mi media naranja’. Los tópicos que idealizan el amor y lo ponen por encima de cualquier otra cosa son fáciles de encontrar en películas o canciones, también en las actuales. “Es a través de la cultura como se crean los patrones emocionales. Los únicos modelos emocionales que tenemos son los mitos, en las escuelas no enseñan a gestionar las emociones”, dice Herrera, que señala que ‘valores’ como los celos, la posesión o la exclusividad se identifican necesariamente con el amor ideal.“Son unas pautas absolutamente rígidas sobre lo que debe ser el amor”, dice.

La sociedad promueve un modelo de amor en el que las parejas duren para siempre, desde los incentivos fiscales hasta las ayudas a familias con hijos. “La sociedad está preparada para que nos juntemos de dos en dos, no de seis en seis o de cualquier otra forma, así también somos más fácilmente controlables. Si pretendes establecer otro tipo de familia, incluso una pareja con otros valores , perturbas totalmente la estructura de la sociedad . Muchas veces, si eres soltero te cuesta insertarte en la sociedad, especialmente a partir de la treintena”, asegura Coral Herrera, que propone potenciar los movimientos sociales colectivos, de red y solidaridad. Señala también uno de los gestos más simbólicos sobre la idea del amor y las parejas: “Cuando se casan, las mujeres van del brazo de su padre, que las ‘entrega’ al novio, parece que no haya un solo instante en el que estés sola, sin un hombre al lado”.

Estébanez comparte esa idea y habla de los otros tipos de compañía y de amor que nunca parecen tan importantes: las amistades, la familia, los compañeros del trabajo. “A partir de los 25 más o menos se refuerzan los mensajes: ¿por qué no tienes pareja? Si la tienes, ¿cuándo te casas?, ¿cuándo vas a tener hijos? Romper con ese camino escrito es difícil”, explica.

La escritora y feminista Beatriz Gimeno también señala a la cultura como una de las grandes reproductoras de este mito. Para Gimeno, vivimos un retroceso respecto a los avances conseguidos hace varias décadas. “Se está insistiendo más que nunca en la idea del amor romántico, en una idea que mezcla la mujer entregada al amor y al cuidado de los demás con la modernidad y la libertad sexual. Pero la idea es la misma: las mujeres siguen siendo para otros, ponen a otros por encima de sus aspiraciones y deseos. Por ejemplo, muchas chicas se visten para que a ellos les guste, o tienen sexo pero el que a ellos les gusta, no al que a ellas les da placer. Al final, el amor acaba teniendo una importancia desmesurada, y muchas mujeres si no consiguen ese amor se frustran, no se concibe una vida sin pareja. Ahora no se trata de obligar a las mujeres a casarse sino de convencerlas de que es la mejor opción y forma de vida”, dice.

La autora de ‘Mi novio me controla lo normal’ también piensa que la libertad sexual de las generaciones jóvenes esconde en el fondo los mismos tópicos de siempre y que se mezcla con la idea de buscar al ‘hombre ideal’: “Ahora los jóvenes tienen vida sexual y hay más opciones que antes, las chicas viven diferentes relaciones y experimentan pero el objetivo final sigue siendo encontrar el amor perfecto. De alguna forma se permite que experimentes porque el objetivo final es ese, si no eres considerada una guarra o una fresca”.

“Lo mejor es un amor que no sea ‘me muero por ti y sin ti no soy nada’ sino ‘estoy bien contigo y contigo soy algo pero sin ti, también’”, concluye.

Artículo de Ana Requena Aquilar, escritora de www.eldiario.es

http://ssociologos.com/2013/02/24/fueron-felices-y-comieron-perdices-las-frustraciones-del-mito-del-amor-romantico/

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El sentimiento de amor romántico en la mujer española influye en la situación de desigualdad

febrero 14, 2013 by Ssociólogos 1 Comment

Esta tesis, llevada a su caso extremo, es lo que se sucede en las situaciones de las mujeres maltratadas.

El sentimiento de amor romántico de las mujeres españolas influye en la situación de desigualdad que tienen. Esta es la hipótesis inicial de la que parte el artículo de investigación que el profesor titular de Sociología de la Cultura y las Artes de la Universidad de Alicante, Juan Antonio Roche Cárcel, acaba de publicar dentro del libro “Sociologías en tiempos de transformación social” que edita el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).

<<En el concepto de familia por amor española, frente a la anglosajona, la mujer prefiere que prevalezca en ella los sentimientos de afecto, de amor, de fusión, de protección, antes que reivindicar situaciones de desigualdad>>, afirma Roche. Y es que el amor es un sentimiento cultural. Como ejemplo de esta situación de desigualdad, el autor menciona cómo la mujer prefiere hacer las tareas cotidianas en el hogar, porque prevalece en ella el sentimiento de afecto, en lugar de hablar esta situación con el hombre para modificar esta situación de desigualdad. El sociólogo apunta que esta misma tesis, llevada a su caso extremo, es lo que se sucede en las situaciones de las mujeres maltratadas, porque ellas piensan que su pareja va a cambiar.

El artículo establece un mapa del amor, es decir, las características que describen al amor y que ha sido estudiado por diferentes autores como Erich Fromm, Ortega y Gasset, George Simmel, Niklas Luhmann, Francesco Alberoni, u otros muchos. También encuentra los trabajos que se han hecho empíricos en mujeres y hombres, constatando que ambos conciben de forma diferente el amor. El amor para la mujer tiene más importancia, convirtiéndolo casi en un valor absoluto o sagrado; sin embargo, el hombre tiende a relativizarlo.

Entre la felicidad y la igualdad. El papel del sentimiento cultural del amor en la situación de desigualdad de la mujer española ha sido valorado por su originalidad de forma positiva y constituye una tesis nueva. A partir de esta hipótesis de partida que lanza el artículo teórico, Roche está creando estos días una comisión de trabajo para proceder a entrevistar a mujeres, en principio de la Comunidad Valenciana, con cuyo trabajo de campo elaborar una posterior investigación práctica.

El artículo escrito para el CIS tiene su precedente en el publicado en la revista Journal of Arts and Humanities (JAH), que edita el Maryland Research Institute (MIR), de octubre de 2012, titulado A Theoretical approach to the contradictory role of the cultural Keeling of love in the inequality of the Spanish woman. En este ya trataba Roche la situación de la mujer en la sociedad española contemporánea, afirmando que puede ser comprendida mejor dentro del contexto de los debates que surgen entre estructura y cambio y entre estructura y acción, y las contradicciones que ello presenta.

http://ssociologos.com/2013/02/14/el-sentimiento-de-amor-romantico-en-la-mujer-espanola-influye-en-la-situacion-de-desigualdad/

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Autor: giovaretino

Antropología y Sociología han sido mis campos profesionales y el saber que ha ocupado una buena parte de mi vida. Este blog está dedicado al cuerpo y sus símbolos.

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