Templo de Eros

Encuentro con el cuerpo y sus símbolos


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La pornografía o el erotismo del otro – Carlos Pérez Jara

 

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Se indaga sobre lo que suele entenderse en Occidente por erotismo y pornografía, y se intenta saber si las separaciones de ambas son necesarias o bien gratuitas, máxime cuando quienes las hacen apelan a la cultura sublime y a una supuesta estética sin fundamento Sigue leyendo

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 Senos

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He aquí una pregunta vaga, y una respuesta provisoria. La pregunta: ¿en qué momento los senos femeninos se convirtieron en esa especie de superórgano sexual -disculpen, pero no encuentro mejor manera de calificar- en que se han convertido hoy?

Y no se diga que siempre produjeron el tipo de atracción que producen hoy. No es así. Las iconografías de la antigüedad de ninguna manera ratifican esa afirmación. Y cuando se enumera las bellezas de la Sulamita se incluye los senos en una enumeración donde no reciben más atención que los pies, las caderas, el ombligo, el cuello, los ojos, la nariz o la melena. 

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Sobre la erótica mística de la India – Mircea Eliade – descargar libro

 

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Toda mujer desnuda encarna la Naturaleza, la prakrti. Por tanto habría que mirarla con la misma admiración y el mismo desapego que al considerar el secreto insondable de la Naturaleza, su capacidad ilimitada de creación. La desnudez ritual de la yoguini tiene un valor místico intrínseco: si ante la mujer desnuda no se descubre en su ser más profundo la misma emoción terrorífica que se siente ante la revelación del misterio cósmico, es que no hay rito, sino un acto profano, con todas las consecuencias conocidas (reforzamiento de la cadena kármica, etc.). La segunda etapa consiste en la transformación de la mujer-prakrti en encarnación de la shakti: la compañera del rito se convierte en una diosa, de la misma manera que el yogui debe encarnar al dios. La iconografía tántrica de las parejas divinas (en tibetano: yab-yam, padre-madre), de las innumerables “formas” de budas abrazados por su shakti, constituye el modelo ejemplar del ceremonial sexual (maithuna). Se advierte la inmovilidad del dios: toda la acción está del lado de la shakti (en el contexto yóguico, el espíritu estático contempla la actividad creadora de la prakrti). O, en el tantrismo, la inmovilidad realizada conjuntamente sobre los tres planos del “movimiento” —pensamiento, respiración, emisión seminal— constituye el objetivo supremo. Aquí todavía se trata de imitar un modelo divino: el Buda, o Shiva, el espíritu puro, inmóvil y sereno en medio del juego cósmico.

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 Secretos entre cortinas – Noa Xireau – PPS fotografías eróticas en b/n

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 A través de la pared de cristal, la ciudad se extiende ante mí en su más absoluta y vulgar cotidianidad. Ni siquiera la mágica belleza del alumbrado nocturno, que siempre me ha fascinado, es capaz de evitar la sensación de sentirme pequeña, casi nada, devorada por tanta inmensidad. Odio esa sensación, esa impresión de ser nadie, de que los ojos pasen a través de mí como si fuera aire o, como mucho, que se detengan en mis imperfecciones llenos de burla.

 ¡Mírame! ¡Mírame, mundo, porque quiero que me veas! Sigue leyendo


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La biblioteca del erotómano Mis libros eróticos y pornográficos – Jorge Rueda – El Malpensante

 

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Buscando desempolvar un género soterrado y presentar ante cualquier lector un panorama de la literatura erótica, este recuento plantea algunas consideraciones para adentrarse en ella y reúne un conjunto de sus títulos más representativos y, acaso, imprescindibles. Sigue leyendo


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Erotismo en el mundo antiguo IV. Erotismo y placer –

 

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Esta actitud hacia el placer proporcionado por la estética describe muy bien el carácter hedonista del pueblo mediterráneo, siempre dispuesto a dejarse llevar por los sentidos.  Quizá por ello, en tiempos de Homero, la palabra griega para amor designaba no sólo el deseo sexual sino el apetito de comer y beber, y servía para describir cualquier impulso relacionado con el placer de la vida (idoní).  Un temperamento así es propio de una raza sensual que canta a la vida y especialmente al amor.  El filósofo Empédocles decía que en los tiempos más remotos, la humanidad veneraba a la diosa del amor y estaba tan libre de hipocresía que las leyes parecían hechas para que el individuo disfrutara de la vida, no para amargársela.  También, Píndaro, sin cortarse un pelo, decía que en primer lugar hay que buscar la felicidad y luego la reputación.  Sigue leyendo


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Erotismo en el mundo antiguo III Misoginia y culto a la belleza – Gloria Garrido

 

Aquiles y  Patroclo

“Tenemos a las heteras para el placer, a las concubinas para el uso diario y a las esposas para criar hijos”

No obstante, la institución pederástica degeneró en el siglo IV cuando los efebos empezaron a comportarse como heteras reclamando regalos caros.  A partir de Aristóteles, la pederastia fue perdiendo partidarios entre los pensadores hasta hacerse detestable para los cínicos, estoicos, epicúreos etcétera, aunque nunca faltaron partidarios especialmente entre los poetas, pintores y militares.  Sigue leyendo