Templo de Eros

Encuentro con el cuerpo y sus símbolos


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Con el alma en la piel (9 relatos eróticos) – Chiquita Barreto Burgos

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Dejando de lado la solemnidad

Siempre me he preguntado, por qué no una tradición literaria en Paraguay. No podemos, por ello, referirnos a la novela de los años 50, 60, 70… Esta carencia, supongo que se debe a que somos demasiado solemnes y nuestras novelas son los libros de historia en los que todos los personajes son héroes militares que han vencido en mil batallas, aunque la realidad haya sido otra.

No puedo desconocer los esfuerzos aislados de algunas mujeres, así como también los resultados de talleres literarios, que editan su producción con gran esfuerzo personal. Sigue leyendo


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Sólo las manos – relato de Pablo Peinado

tu piel en mi boca 2

So in love with you am I/In love with the night mysterious/The night when you first were there… (Fragmento de la canción So in love de Cole Porter, del disco A foreign sound de Caetano Veloso)

Para Maree

  1. Las manos del sueño

Era una calle con anticuadas tiendas de guantes y de ropa interior masculina, expuesta sobre viejos maniquíes desmembrados. Uno de sus edificios más extraños se abría a través de una puerta de madera de color verde. Tras cruzar el patio, entré en una habitación con una gran estantería sin libros. En realidad era una entrada secreta a un cuarto vacío, salvo un rincón donde permanecía una gran caja oxidada que, aunque lentamente, se abrió por sí misma. Sigue leyendo


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Henry Miller y Anaïs Nin. Amor, inteligencia, pasión y creatividad. -descargar libro Correspondencia 1932-1953

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Queridísima Anaïs

“Terriblemente, terriblemente vivo, afligido, absolutamente consciente de que te necesito..He de verte, te veo brillante y maravillosa y al mismo tiempo le he escrito a June y me siento desgarrado, pero tú lo entenderás, debes entenderlo. Anais, no te apartes de mí. me envuelves como una llama brillante. Anais, por Dios, si supieras lo que siento en este momento. Quiero conocerte mejor. Te quiero.  Sigue leyendo


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Ya nadie cree en las musas – Florinda Salinas

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Durante siglos, el acto creador de poetas, músicos, pintores o escultores se ha presentado siempre envuelto en veladuras de misterio. ¿De dónde surgían la fuerza, el impulso y el material de sus tareas? Ellos no se ocultaron, trabajaban a la vista de todos, desde Fidias hasta Velázquez, por citar dos casos lejanos en el tiempo. En la actualidad, el trabajo de los artistas  es seguido por los medios de comunicación, la televisión se cuela en los estudios, las redes sociales difunden los mínimos avances de óperas, rodajes, ballets. Los mismos creadores explican, unos mejor que otros, su sistema de trabajo, las motivaciones que les impulsan, las asociaciones que se producen en su cabeza mientras planean o ejecutan su obra. Sigue leyendo


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La novela de la lujuria (1863-1866) – Autor Anónimo

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Ésta es la historia de la intrépida vida erótica del célebre Charlie, quien empezó a los 14 años con una mujer recién casada, amiga de su madre y su huésped durante la luna de miel. Poco después —avispado aprendiz— practicó con su atractiva institutriz. Insaciable, pronto consiguió que sus propias hermanas le entregaran su virginidad. Nueva institutriz, y, naturalmente, otra oportunidad de ampliar sus conocimientos. Sigue leyendo


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Una hora de amor – Antonio Hoyos de Vinnet

 

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polemos.pe

Donde la Sacerdotisa de Venus empieza a creer en la despoblación del Bosque Sagrado.

¡Tan!… ¡tan!… ¡tan!… El reloj de la cercana iglesia de Santa Cruz desgranó las campanadas de la tercera hora, que, entre el gemir del viento y el gotear del agua, sonaron lúgubres, fatídicas, agoreras.

Llovía a mares. Ni por la calle Mayor, ni por la cercana plaza, transitaba nadie; sólo en la esquina de la calle del Factor, brillaba, mortecino, el farol de un sereno. De tarde en tarde, el vigilante nocturno cambiaba de sitio, y entonces la lucecita corría, temblorosa, con inquietante apariencia de fuego fatuo. Sigue leyendo


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Las cortesías del adulterio – Catulles Mendes

 

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El Confidencial

Como yo ya había hecho saltar de sus ojales los tres primeros botones de su blusa, ella dijo con un suspiro:

–¡Ah! ¡Dios mío!, es bien cierto que no podré resistirme a usted por mucho tiempo; y no está fuera de toda conjetura que usted obtenga de mí, en breve, todo lo que quiera obtener, por desgracia.

– Señora, – respondí yo – su resistencia fue tal que ella le asegura un honorable lugar entre las más virtuosas personas de las que la historia ha conservado el recuerdo. Sigue leyendo