Templo de Eros

Encuentro con el cuerpo y sus símbolos


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¿Cómo eran los egipcios en la cama? – Jacinto Antón

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Una comunicación en el Congreso Ibérico de Egiptología pone sobre el papel el controvertido tema de la sexualidad en la época de los faraones 

Tenemos una idea tópica de la sexualidad del antiguo Egipto que se basa en buena parte en los pasajes libidinosos del Sinuhé de Mika Waltari -Nefernefer desnuda en el estanque-, en el rotundo escote de la voluptuosa Cleopatra de Elizabeth Taylor y en las novelas de Terenci Moix, donde no es raro que un esclavo aspire a libar en la flauta del faraón. Incluso los filmes de momias tienen un componente erótico -recuérdese el concupiscente papel de Patricia Velásquez como la sucintamente vestida Anck-su-namun en The mummy II-Apoyada en ingredientes como ésos, ha prevalecido la idea popular de que la civilización de la época de los faraones tenía, en extraña combinación con la obsesión por la muerte y el más allá y un sentido sumamente espiritual de la existencia, un alto componente de lascivia e impudicia, como atestiguarían, por otra parte, las imágenes arqueológicas de bailarinas semidesnudas, princesas con ropas transparentes y dioses itifálicos.
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El “ligón” de las terrenas, arquetipo de la pasión antillana – Antonio Paz Martínez

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“Voy por la vereda tropical, la noche plena de quietud con su perfume de humedad…

El área del Caribe es una zona privilegiada de deseo y posesión, y este patrón ha sido invariable desde antes del arribo de los pálidos europeos hacia estas verdes costas. Ya los pueblos autóctonos americanos habían descubierto un no se qué subyugante y arrebatador que incitaba a elevar el erotismo en la sangre. Sigue leyendo


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Cuestión de tamaño – Vicente Verdú

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Es el único órgano del cuerpo que crece a placer. Pero, a veces, no tanto como le gustaría al propietario. Su medida media es entre 7 y 15 centímetros, dependiendo de si está en reposo o en acción. Pero muchos no llegan y otros se pasan. ¿Mejor pequeño, pero matón? ¿Caballo grande, ande o no ande? Ellos, y ahora también ellas, debaten en estas páginas sobre pesos y medidas. Mitos y verdades, secretos y mentiras. Hablamos del pene. Ese desconocido con vida propia.

El pene, ese elemento que no superaba las barreras de los chistes o la consulta del andrólogo, ha comenzado a circular, con pesas y medidas, entre los artículos de consumo. Las mujeres tenían tasadas sus proporciones pectorales, abdominales, glúteas y hasta maxilares para responder a un canon de belleza masculino. ¿No era hora ya de que la igualación de sexos se correspondiera con unos dictados femeninos parecidos y empezando, de paso, con el pene? Sigue leyendo


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¿Chiquito pero picoso?

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¿Has sentido que tus diez centímetros no sirven para nada? ¿Tienes baja autoestima? ¿Las mujeres se ríen porque lo tienes chiquito o fingen los orgamos (lol)? No te preocupes, yo tengo la solución a TODOS tus problemas; entra aquí, podrás cotizar los vuelos más económicos a Tokio, Japón, ¡y tener un pene con un tamaño arriba de la media! Sigue leyendo


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Susan Sontag y el malestar del sexo

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Por toda su promesa de placer y goce, el sexo ha sido invariablemente una fuente de frustración y angustia para muchas personas, incluyendo a brillantes escritores y científicos.

El hecho de que el mundo en general promueva el sexo como el máximo disfrute del cuerpo puede poner nerviosos a muchos; puede hacerte creer que si no lo haces “bien”, o si no lo “disfrutas mucho”, fracasarás. Y las expectativas pueden ser el gran enemigo de la danza. Un ejemplo de esto lo da la escritora Susan Sontag, que escribió una contemplación humana del malestar psicológico que puede causar el sexo. Sigue leyendo


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Sexo, porno y realidad virtual (II): ¿hay futuro para el porno virtual? – Jose Valenzuela

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Decía el filósofo Kendall Walton que al participar como espectadores de una narración —literaria, cinematográfica— disminuimos la distancia entre nosotros y la obra, no por ascender las ficciones a nuestro nivel sino por descender nosotros a ellas. Que de algún modo, en lugar de pensar en las ficciones como reales, somos nosotros los que nos convertimos en ficcionales. Años después, con los pantalones bajados y frente a alguna obra menor cuyo esfuerzo creativo más considerable venía de un título como Fue a por trabajo y le comieron lo de abajo o Tetanic, una versión adolescente y onanista de quien escribe estas palabras se planteaba una pregunta muy relacionada con su propia experiencia: ¿Disfrutamos del porno por nuestro papel de observadores o porque nos ponemos en la piel de alguno de los protagonistas? Sigue leyendo