Templo de Eros

Encuentro con el cuerpo y sus símbolos

Esa puta tan distinguida – Juan Marsé – descargar libro

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Es una tarde de enero de 1949 y Carol se acerca caminando con desgana al cine Delicias. Lleva tacones altos, medias negras y una gabardina a medio abrochar. La platea está abarrotada: en los carteles se anuncia la reposición de Gilda, y hay cola para ver ese cuerpo de mujer hecho de curvas y sonrisas, pero a Carol eso poco le importa. En vez de sumarse al público, sube a la cabina de proyección.

Allí la espera Fermín Sicart, el operador, que a cambio de unas monedas y una triste merienda va a disfrutar de sus encantos. No es la primera vez que Carol y Fermín se encuentran entre bobinas y vasos sucios, pero hoy algo se tuerce y Carol no saldrá viva del encuentro.

Cuando ya han pasado más de treinta años, en el verano de 1982, alguien se empeña en convertir en película estos hechos escabrosos. Los expedientes hablan claro: hubo un crimen, una víctima y un asesino… Fermín, reo confeso, recuerda muy bien cómo estranguló a su querida Carol con una cinta de celuloide, pero ya no sabe por qué.

Al hilo de esta pregunta Juan Marsé construye una espléndida novela que nos guía por los callejones de la memoria y el olvido, sabiendo muy bien que a veces los recuerdos son bombones envenenados.

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I

1) Ahí va, señorita. Lo toma o lo deja. Yo solo respondo por escrito.

2) Porque siempre he confiado más en la escritura que en el blablablá.

3) Hijo adoptivo y de incierto origen biológico.

4) Habría preferido nacer en otra época, en otro país, con ojos azules y un hoyuelo en la barbilla.

5) No perdamos el tiempo con bobadas. No milito bajo ninguna bandera. Decía Flaubert que todas están llenas de sangre y de mierda y que ya va siendo hora de acabar con ellas.

6) Soy algo más que laico, soy decididamente anticlerical. Mientras la Iglesia católica no pida perdón por su complicidad con la dictadura franquista, declararme anticlerical es lo menos que puedo hacer. Disfruto de una saludable clerofobia desde la más tierna adolescencia.

7) Los únicos clérigos que respeto son el padre Pietro de Roma, città aperta, de Rossellini, el Nazarín de Galdós/Buñuel, el padre Brown de Chesterton y el furioso y zarrapastroso cura irlandés de La hija de Ryan, de David Lean.

8) Perdí este dedo a los quince años, se lo tragó una laminadora.

9) La música. Me habría gustado ser el piano de Glenn Gould. O el saxo de Charlie Parker.

10) Mi próxima novela tratará de las añagazas y las trampas que nos tiende la memoria, esa puta tan distinguida.

11) No. Si le cuento de qué va, lo estropeo. Porque esta novela es una especie de trampantojo, nada en ella es lo que parece, empezando por el título.

12) Bueno, lo que ahora estoy escribiendo por encargo no se puede llamar propiamente literatura. Trabajo en el primer tratamiento de un guión cinematográfico.

13) Sí, por dinero.

14) Detesto hablar de la faena. Pero en fin, va de eso: Un anciano asesino, aquejado aparentemente de alzhéimer, cuenta su crimen treinta años después de cometerlo. Recuerda que mató a una prostituta, pero no recuerda en absoluto por qué la mató.

15) No tengo título. Podría ser Desmemoria del asesino, o La máscara y la amnesia, o algo así. Se trata de una película sobre la persistencia del deseo y las estrategias del olvido.

16) Pretendo basarme en hechos reales. Una muy celebrada y a menudo fraudulenta pretensión, lo admito.

17) Salvo excepciones, un guión cinematográfico no está escrito para ser leído como una obra literaria, cuya materia y fundamento primordial es el lenguaje. El guión es un texto de usar y tirar.

18) El productor y el director son los que mandan, pero hay que tener en cuenta los avatares y vaivenes de nuestra raquítica industria cinematográfica. El proyecto podría pasar a manos de otro productor, con otro afán comercial, podría acabar siendo un spaghetti-western, o una película de terror, o de destape, o de risa. Ojo: no de las que hacen reír, sino de las que uno se ríe.

19) Durante la interminable dictadura, aquel cine nacionalcatólico de cartón piedra generó tanta miseria moral y estética, se regodeó tanto en su propia falsedad y estupidez, que tardamos muchos años en levantar cabeza. La cosa mejoró, por supuesto. Pero ahora el problema es otro y es general, ahora la tecnología está acabando con el cine.

20) Con una muchacha llamada María. Yo tenía quince años y ella dieciocho.

21) La identidad nacional me la trae floja. Se trata de una estafa sentimental. Soy un mal patriota y sin remuneración.

22) No. La verdadera patria del escritor no es la lengua, es el lenguaje.

23) La vocación nació en una esquina de las calles Bruc y València, delante del Conservatorio Municipal de Música de Barcelona. Tendría yo unos catorce años. Una joven estudiante que estaba junto a la puerta con su estuche de violín bajo el brazo me pidió que entrara con ella en el Conservatorio y le dijera a su profesor: «He sido yo». Solamente eso. «He sido yo.» No me dijo qué significaban estas palabras, ni yo se lo pregunté. Luego te lo explico, dijo con una dulce sonrisa. La acompañé, le hice el extraño favor y acto seguido me marché y la esperé en la calle, según habíamos quedado. Pero ella no apareció, y nunca más volví a verla. Me quedé con las ganas de saber qué historia había detrás de mi autoinculpación, y no dejaba de pensar en ello, hasta el punto de que empecé a fantasear sobre un posible conflicto sentimental de la pareja: imaginé una apasionante trama amorosa entre la hermosa muchacha y el guapo profesor, una pasión secreta cifrada en las enigmáticas palabras «He sido yo». Y me gusta pensar que aquel empeño imaginativo de mis catorce años alrededor de tres palabras fue la semilla, el germen de mi vocación.

24) No sé de qué diablos me habla.

25) A ver, se lo explicaré de otra manera. La sospecha de que existía una tormentosa pasión amorosa entre el joven profesor y su hermosa alumna se convirtió en una obsesión, y la única manera de librarme de la obsesión era formularla verbalmente. Así empezó la cosa, así es como el aprendiz de escritor siente nacer la vocación: la necesidad de contarlo. ¿Queda claro ahora?

26) En mis ficciones, la vivencia real se somete a la imaginación, que es más racional y creíble. En la parte inventada está mi autobiografía más veraz.

27) ¡Pero qué dice! Jamás escribiré una novela sobre la crisis de las estructuras sociales. ¡¿Por quién me toma usted?!

28) ¿Cultura dice? A los políticos de este país la cultura les importa una mierda y por eso la dejan en manos de ineptos y carcamales.

29) Menos adjetivos y más sustantivos, eso es lo que necesita hoy la novela.

30) ¿Personaje real que admiro? Emma Bovary.

31) ¿De ficción? Carmen Balcells.

32) Estoy muy contento con mi agente y nunca lo cambiaría por otro. Además, sería inútil. A mi edad, cambiar de agente literario vendría a ser algo así como cambiar de tumbona la última noche del Titanic.

33) Decliné la invitación. Como Groucho Marx, nunca aceptaría ser miembro de una Real Academia de la Lengua que me aceptara como miembro.

34) Solo me fío de la lógica contenida en la buena música.

35) No me identifico en las entrevistas de viva voz. No reconozco mi voz.

36) ¿Otra vez? Cualquier forma de nacionalismo me repugna. La patria que me proponen los nacionalistas es una carroña sentimental.

37) Nietzsche lo predijo: un siglo más de periódicos y las palabras apestarán.

38) Cambio todo esto por una canción de Cole Porter.

39) Le cambio la película entera por un plano de John Ford.

40) Paso de responder.

41) Demasiado verboso para ser memorable, y demasiado intelectual para conmover. Es un escritor notable, pero no es un buen novelista. En un buen novelista, lo que brilla no es el intelecto, es otra cosa. Le cambio el libro entero por una página de Dickens.

42) En mi novela hay un asesino, pero ninguna requisitoria criminal. No soy ningún veleidoso escritor reciclado en puñetero autor de novela negra. Y no hay ningún psicópata que descubrir ni apresar. ¡El asesino soy yo!

43) De lo único que me arrepiento es de mis omisiones. Como dijo el poeta: lo que no he hecho, lo que no hago, lo que estoy a cada momento dejando de hacer. De eso sí me arrepiento.

44) Lo que yo envidiaba a los quince años era el juego de cejas de Clark Gable.

45) Escribo para saber si he sido realmente el protagonista de mi vida, como David Copperfield.

46) Al terminar de escribir ese libro me sentí muy mal. Satisfecho con las partes, pero desconcertado con el todo. Me sentía como si me hubiesen robado el argumento, el corazón de la trama.

47) Olvide eso y recuerde lo que dijo Nabokov: «De nada sirve leer una novela si no se lee con la médula». Aunque leas con la mente, el centro de fruición artística se encuentra entre los omoplatos, un hormigueo en la médula espinal.

48) Es más que suficiente, señorita. Buenas noches.

Este libro es editado por Lumen

Penguin Random House Grupo Editorial

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Autor: giovaretino

Antropología y Sociología han sido mis campos profesionales y el saber que ha ocupado una buena parte de mi vida. Este blog está dedicado al cuerpo y sus símbolos.

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