Templo de Eros

Encuentro con el cuerpo y sus símbolos

Nadar y tirar la ropa: porno e hipocresía en pantalla – Josep Lapidario

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En los últimos días han vuelto a aparecer jugosas noticias relacionadas con Juego de TronosPeter Dinklage ha ganado merecidamente el Emmy al mejor actor secundario; el huracán Katia ha retrasado el rodaje de la segunda temporada; está a punto de ser publicado un videojuego al que se han dedicado muchos esfuerzos y millones.

Sin embargo, la noticia que más me ha llamado la atención en estos últimos días es comparativamente menor pero filosóficamente jugosa. Lisa Nolan, actriz y modelo irlandesa, abandonó el set de rodaje de Juego de Tronos minutos antes de interpretar su escena porque se dio cuenta de que iba a incluir más sexo del que creía inicialmente. “Ya sabía que la escena era un poco subida de tono, pero pensé que no era una escena sexual y que me darían pezoneras. Pero cuando llegué ahí querían que me pusiera en topless, así que me retiré en el último minuto”. Hasta aquí no hay nada que objetar: me parecen muy respetables los límites que cada uno se marque respecto a lo que muestra o no de su propio cuerpo.

Pero desgraciadamente Nolan continúa hablando: “Además de hacer de modelo estudio fisioterapia deportiva, así que quiero que me tomen en serio y no lo harían si hubiera filmado esa escena. Fue culpa mía porque no investigué lo suficiente acerca de la serie. El sueldo era sorprendente y la idea glamurosa, pero me alegro de haberme ido porque ahora tengo mi dignidad intacta”. Y si he de ser sincero, en este punto me asalta la sensación de que a la actriz le falta un hervor, no por el hecho de retirarse del set sin rodar su escena sino por esa referencia catetamente aliviada al hecho de conservar el himen intacto. O bueno, la dignidad. Nolan opina que su espantá le ha evitado convertirse en una mujer indigna, lo que despierta cuanto menos ciertas cuestiones intrigantes.

¿Esta dignidad es la misma que la que reivindican los del 15-M al hablar de “vivienda digna” o “sueldo digno”? ¿Hacer un topless en una película hace perder dignidad? Un conocido mío apareció hace poco enPenthouse enseñando el pene en una fotografía. ¿Ha perdido dignidad? Si es así, ¿cuánta? ¿Más o menos dignidad que si fuera mujer y hubiera enseñado los pezones? Mi mentalidad ingenieril me lleva a preguntarme: ¿existe alguna unidad de medida (no sé, dignibares o dignilitros) que se pueda usar para cuantificar las pérdidas y ganancias de dignidad? ¿Cuánta dignidad pierde o gana una actriz por comentar que en una película Fernando Esteso le chupó un pezón? ¿Qué clase de estigma cae sobre quien muestra su sexualidad en pantalla?

O dicho de otra manera: ¿pone en peligro su carrera una actriz por aparecer desnuda en pantalla y/o follar ante las cámaras? 

Para responder a esta pregunta remontémonos a 2003, año en que el inclasificable Vincent Gallo estrena nada menos que en Cannes la película independiente The Brown Bunny, dirigida, guionizada y fotografiada por él mismo. Durante la escena más comentada de la película, Vincent pone de rodillas a su compañera de reparto Chloë Sevigny, se baja la bragueta y saca su enorme miembro (aunque hay quien dice que es en realidad un dildo). Lo que sigue es una felación auténtica que causó abucheos indignados entre el público de Cannes.

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Justo antes de la première de la película, la agencia William Morris anunció la ruptura de su relación profesional con Chloë Sevigny (aunque otra versión dice que fue la propia Chloë quien decidió prescindir de sus servicios). En cualquier caso, un representante de la agencia declaró: “creemos que su carrera está manchada y puede que nunca se recupere, especialmente tras los rumores sobre tomas todavía más gráficas que no llegaron al montaje final de la película”. La frase no tiene desperdicio (o es toda ella un desperdicio, según se mire). Me llama la atención especialmente el uso de la palabra manchada (“tainted”), como si un cerco de esperma más difícil de limpiar que el de Clinton sobre Lewinsky se hubiera adherido permanentemente a la pobre Sevigny. Según el agente de William Morris, tras The Brown Bunny es inevitable que cuando el espectador vea aparecer a la actriz en cualquier otra película la visualice con un indeleble manchurrón asomando bajo el maquillaje… Qué poder ultraterreno el del miembro de Vincent Gallo: de un plumazo ha eyaculado sobre el pasado, presente y futuro de la Sevigny. Pobre Chloë: te hubiera salido más a cuenta hacer como Cameron Díaz y usar (falso) esperma de gomina…

También me fascina esa sospecha de que se filmaron “tomas más gráficas” esgrimida como argumento que empeora la situación de la actriz. No importa que no hayan salido a la luz: lo relevante es que existan… Sevigny debe ser un ente virginal que no folle nunca “de verdad”, o al menos no de forma en que queden pruebas de ello. Los actores deben permanecer castos en pantalla, y en todo caso que les doble algún especialista en las escenas tórridas, que esos no tienen nombre ni cara. El ideal de actor sería el joven mormón de Orgazmo, de Trey Parker, que acepta participar en una película porno sólo si un “stunt cock” le sustituye durante los polvos.

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Hubo críticos que apoyaron a Sevigny y otros que la crucificaron, pero prácticamente todos parecían estar de acuerdo en que esa felación había lanzado su carrera por la ventana. En algún caso el razonamiento era similar al de “se empieza fumando un porro y se acaba chutándose heroína”, lo que convertía el acto sexual con Gallo en el primero de muchos en una futura carrera de Sevigny en el cine porno “para el que tanto talento ha demostrado”. Sin embargo, tras cambiar de agencia su carrera no pareció resentirse especialmente. Por de pronto, poco después fue fichada por Woody Allen para aparecer en la parte dramática de Melinda y Melinda, y más tarde empezó a alternar sus habituales films independientes con bien pagadas series de televisión (Will and Grace o, más recientemente, Big Love) o incluso películas de gran presupuesto (la Zodiac de David Fincher).

Otras películas no pornográficas han incluido recientemente escenas de sexo no simulado: Romance XShortbus, Baise Moi, Los idiotas, 9 songs… Casi siempre dirigidas por directores de renombre pero protagonizadas por actores y actrices poco conocidos, lo que tal vez explique que cada peli viviera su propia polémica pero no escándalos tan sonados como el de The Brown bunny. ¿El problema de Sevigny fue que era demasiado famosa?

No tenemos que irnos muy lejos para encontrar más ejemplos de cortocircuitos entre pornografía y mainstream. Basta con volver a Juego de Tronos. Porque hete aquí que la actriz seleccionada para interpretar aShae (prostituta muy cercana al popular Tyrion Lannister – Peter Dinklage) fue nada menos que Sibel Kekilli, que tuvo hace pocos años su propio encontronazo entre la hipocresía moralista y el porno.

Kekilli es una joven actriz alemana de origen turco, que saltó a la fama al protagonizar en 2004 la muy premiada película Contra la pared, de Faith Akin. Interpretó su papel con tanta convicción que ganó una estatuilla Lola en los Deutscher Filmpreis, el mayor premio del cine alemán. Pero poco después del estreno de la película, el diario sensacionalista Bild publicó la “noticia” profusamente ilustrada (y escrita en un repulsivo tonillo paternalista) de que Kekilli había protagonizado poco antes varias películas de porno duro con el seudónimo de Dilara.

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Su padre no se lo tomó demasiado bien: “Creí que trabajaba en el ayuntamiento y ahora me entero de esto… Nunca podré perdonarla. No quiero volver a verla jamás”. Sin embargo, la reacción en el mundo del cine fue mucho más comedida que con Sevigny, y Kekilli recibió muchas muestras de apoyo frente a la “campaña de desprestigio” de Bild. El actor Mathieu Carriere señaló con ironía: “Que trabajara en pornos da igual. Mejor pasar de las porno a los Oscar que al revés”.

¿Por qué esta diferencia de trato? ¿Es porque Sevigny cruzó la línea del porno y el cine convencional, mientras Kekilli trató de mantener separados ambos mundos? ¿Es porque Kekili se arrepiente de su pasado pornográfico (lo que permite acogerla en el mundo del cine como una pecadora arrepentida) mientras que Sevigny no ve ningún motivo de vergüenza en su felación en pantalla?

En cualquier caso, la carrera de Kekili no pareció resentirse en lo más minimo. Eso sí: entre los cientos de artículos en foros y blogs que comentan Juego de Tronos, no es raro encontrar comentarios sobre lo apropiado de que HBO contratase a una actriz porno para interpretar a una prostituta en escenas presumiblemente tórridas. La jugada es significativa: lo que define a Kekili en estos comentarios no el éxito internacional de Contra la Pared ni sus premios ni su talento interpretativo, sino el hecho de que filmó porno antes que dramas. Ha cobrado dinero por follar y eso la convierte para algunos en “una puta metida a actriz”.

¿Esta especie de estigma hipócrita es propio del mundo del cine o se puede encontrar también en el de la música? ¿Alguna cantante famosa ha reconocido haber filmado porno antes de triunfar sobre el escenario? Pues sí. El gran Paco Gisbert nos cuenta la historia de Catherine Ringer, la famosísima cantante francesa del grupo Les Rita Mitsouko

En 1976 una aún desconocida Ringer se presentó a un casting de películas porno, queriendo conseguir dinero con el que entrar con buen pie en el mundo de la música. Hasta 1981 apareció en veinte películas pornográficas, y en ese momento prefirió dejarlo porque ya empezaba a triunfar con Les Rita Mitsouko. Poca gente era consciente de que la misma cantante que arrasaba con Marcia baila había aparecido en Gargantas profundas y chicas jóvenes, aunque Ringer no se molestó en ocultarlo demasiado. Sabiendo, digo yo, que una post-punk no debería perder ninguna buena oportunidad de provocar.

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Al mundo de la música el pasado porno de Ringer pareció importarle más bien poco, con una notable (y sorprendente) excepción. El casi destruido Serge Gainsbourg de sus últimos años, perpetuamente borracho y amargado, fue increíblemente grosero con Ringer durante un programa entrevista de televisión. Lo más suave que le dijo fue “vous êtes une pute, une pute, une salope”, en un inexplicable torrente de agresividad de albañil nada propio de un Gainsbourg que años antes había sido siempre provocador pero elegante. Con bastante razón, Ringer se sorprendió de que un libertino reconocido como él fuera a darle lecciones de moral, a lo que Gainsbourg respondió: “yo nunca he enseñado la polla”.

Esta parece ser la clave, por supuesto: cualquier exceso sexual está permitido mientras no queden pruebas gráficas del mismo.

Puedes triunfar en el cine, en la música, en la televisión, en cualquier campo artístico. Pero si tienes un pasado en el porno, algún cretino habrá que al grito de “¡una puta, una puta!” trate de hundir tu carrera. El consuelo queda en que nunca lo consiguen, y tanto Sibel Kekilli como Chloë Sevigny o Catherine Ringer han triunfado (y siguen haciéndolo) en sus respectivas carreras. En cuanto a Lisa Nolan, la modelo que al principio de este artículo trató de nadar y guardar la ropa y acabó volviendo por donde había venido. Espero que algún día se dé cuenta de que la dignidad no depende de enseñar o no los pezones.

http://www.jotdown.es/2011/09/nadar-y-tirar-la-ropa-porno-e-hipocresia-en-pantalla/

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Autor: giovaretino

Antropología y Sociología han sido mis campos profesionales y el saber que ha ocupado una buena parte de mi vida. Este blog está dedicado al cuerpo y sus símbolos.

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