Templo de Eros

Encuentro con el cuerpo y sus símbolos

El Dux que perdió (literalmente) la cabeza por amor

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Marino Falieri, Dux de Venecia

El Dux (latín dux, «líder») o Dogo (del italiano doge) era el magistrado supremo y máximo dirigente de la República de Venecia. Su cargo y funciones eran equivalentes a las de los demás reyes europeos pero su poder era limitado por un consejo de nobles, el mismo que los elegía. Este modelo de gobierno funcionó durante más de mil años, entre los siglos VIII y XVIII.

En 1354 murió Andrea Dándolo, Dux de Venecia y para reemplazarlo fue elegido el patricio Marino Faliero, quien por entonces se desempeñaba como embajador de Venecia en Francia, donde recibió la noticia con la orden de que regresara cuanto antes.

Marino Faliero tenía setenta y seis años y desde hacía dos estaba casado con una mujer cuarenta años más joven que él. Durante su viaje de regreso a Venecia, el nuevo Dux no podía ocultar la satisfacción de su nombramiento, el más alto de la poderosa Perla del Adriático, y la de volver a reunirse con su bella esposa, de la que estaba separado hace un año por motivos de su cargo de embajador.

El día de su arribo a Venecia fue recibido con vítores por el pueblo y por los magistrados de la ciudad que formaban el Gran Consejo. La multitud que esperaba al nuevo dux le aclamaba con gran entusiasmo. Entre las personas que le esperaban se encontraba su bella esposa, y nueva dogaresa.

Como expliqué anteriormente, Marino Faliero era un septuagenario y estaba casado con una bellísima treintañera llamada Aluycia Gradenigo, de quien se decía que, durante la ausencia de su marido, era cortejada por un noble veneciano llamado Michele Steno.

El caso es que a los problemas derivados del gobierno de la República (la guerra contra Génova, que obligó a cercar Venecia con enormes cadenas) se le unieron, pues, al pobre Marino Faliero sus propias dificultades domésticas, como la de tener una guapa esposa que era pretendida descaradamente por otro noble.

Parece ser que el joven patricio Michele Steno se enamoró perdidamente de la esposa del dux, o algo pasó durante su ausencia porque éste se mostraba cada vez más impertinente. Como noble, y con acceso al Palacio Ducal, la llegó a acosar de tal forma, que la dogaresa no se atrevía a salir de palacio sino para ir a San Marcos a oír misa y cumplir sus deberes religiosos. Y ojo, que el Palacio Ducal está junto a la Basílica de San Marcos. Estamos hablando de que el tipo era muy intenso.

Un baile de máscaras en la Venecia medieval (fuente)

Al poco tiempo llegó el Carnaval, tradición intocable en Venecia. En uno de los bailes celebrados en el palacio, Michele Steno, aprovechando el antifaz que le cubría el rostro, se acercó a Aluycia y quiso aprovecharse de ella. Ante la resistencia de la dogaresa -que llamó en su auxilio a unas damas que estaban cerca de ella-, Steno huyó, pero antes grabó con su puñal unas frases irónicas para Aluycia y su marido en la madera del escritorio del propio dux.

Masked Venetians by Pietro Longhi

Al enterarse Marino Faliero del incidente y del abusivo acoso hacia su esposa, en su calidad de Dux mandó detener a Steno y lo denunció ante el Tribunal de la Quarantía, una especie de función judicial. Faliero esperaba una condena a muerte o a prisión perpetua, pues el caso era grave tratándose de un insulto directo al Dux, pero los miembros del tribunal eran todos patricios parientes o amigos del acusado, al que condenaron sólo a un año de prisión. ¿La razón? Desde mediados del siglo XIII el poder del Dogo ya no era tan omnímodo como en tiempos pasados. La aristocracia veneciana controlaba las atribuciones ducales, de manera que el Dux ni siquiera podía conceder audiencias o abrir la correspondencia dirigida al gobierno sin la presencia del Consejo de los Diez, a los cuales, la Constitución de la Serenísima República de Venecia concedía poderes extraordinarios de control, para evitar que el gobierno del Dux cayese en la tiranía. En otras palabras, tenía más poder un grupo de aristócratas con leyes hechas por y para ellos, y el Dux se había convertido en un elemento decorativo.

Faliero montó en cólera pero no pudo hacer nada: las decisiones del Tribunal de la Quarantía (formada por aristócratas que se apoyaban entre ellos) eran irrevocables.

Poco después del infeliz suceso, el Dux fue visitado por el almirante Stefano Ghiazza, quien se quejó a Faliero de la actitud de un rico patricio, Marco Barbaro, que le había ofendido de palabra y obra, y le pidió justicia.

—¿Cómo quieres obtener justicia si yo, el dux, no la he podido obtener? Ya has visto que el Tribunal de la Quarantia es un clan formado por patricios que se apoyan unos a otros.

—Demasiada gente manda en Venecia —dijo Ghiazza—. Es necesario dar un escarmiento. El que manda debe ser obedecido.

—Es fácil decirlo, pero ¿cómo lo hago?

—Tengo gente dispuesta a ello. Si tú quieres no habrá en Venecia otro poder que el del Dux.

Realmente es difícil saber si fue por razones políticas o ansias de vengar el honor ofendido de su esposa, pero Marino Faliero formó parte de una conjura para eliminar el poder de los patricios de la Quarantia. No dijo nada a su esposa para no preocuparla.

Se fijó el golpe de estado para el día 15 de abril. Los conspiradores eran tres nobles, unos cuantos militares y unos pocos mercaderes. A uno de éstos mercaderes se le fue la boca y terminó confesando el plan a un miembro del Consejo de los Diez. La reacción del Tribunal de la Quarantia fue inmediata. Se reunió con el Consejo, ordenaron el arresto de Marino Faliero y condenaron ese mismo día al Dux de Venecia, a ser decapitado.

Los últimos momentos del Dogo Marin Faliero, óleo de Francesco Hayez

Durante el amanecer del 17 de abril de 1355, Marino Faliero fue conducido a las escaleras del Palacio Ducal, donde se le despojó del “corno” (sombrero) y del manto de oro de los Dogos; se le impuso un manto negro de traidor y el verdugo lo decapitó de un solo hachazo. Luego, su cuerpo fue mutilado. A poca distancia los miembros del Consejo de los Diez gritaban: “¡El traidor ha sido ejecutado! ¡Venecia ha hecho justicia!”.

La ejecución de Marino Faliero, de Eugène Delacroix , 1827

La dogaresa Aluycia fue expulsada casi a empellones del Palacio Ducal y obligada a pasar ante lo que quedaba del cuerpo de su marido. Luego fue conducida hasta el palacio de su familia y allí pasó el resto de su vida, cayendo en los abismos de la depresión hasta perder por completo la razón. Nunca más volvió a salir; nadie jamás la volvió a ver.

Michele Steno, que durante los acontecimientos se encontraba encarcelado, fue liberado al cumplirse su condena. Ahí recién se dio cuenta de lo que su insensato amor había provocado. Profundamente arrepentido, intentó en vano rehabilitar el nombre de Faliero y de su esposa. Pasó el resto de su vida sin atreverse ni siquiera a acercarse al palacio en que la ex dogaresa residía. Cuando Aluycia murió, treinta años después, Steno vistió de luto.

Y como todos sabemos, la vida gira con extrañas vueltas caprichosas: muchos años más tarde, el mismo Michel Steno llegó a convertirse en Dux de Venecia, y tuvo que subir las mismas escaleras en las que Marino Faliero había sido decapitado por su culpa. No tengo porqué saberlo, pero muy probablemente debió haber sentido algún resquicio de escalofrío o remordimiento.

Por cierto, después de su muerte, Marino Faliero recibió otro oprobio, quizá el peor: una “damnatio memoriae” (condena de la memoria) que rige hasta la actualidad. Hoy en día, cuando el turista visita el Palacio Ducal de Venecia, en la sala del Gran Consejo puede ver los retratos de todos los Dogos que la regentaron. La imagen de Faliero fue cubierta de negro y se leen estas palabras en latín:

Hic est logus Marini Faletri decapitati pro criminibus

(Este es el lugar de Marino Faliero, decapitado por sus crímenes)

Fuentes y referencias:
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http://www.sentadofrentealmundo.com/search/label/Historias%20Curiosas%20en%20la%20Pol%C3%ADtica

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Autor: giovaretino

Antropología y Sociología han sido mis campos profesionales y el saber que ha ocupado una buena parte de mi vida. Este blog está dedicado al cuerpo y sus símbolos.

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