Templo de Eros

Encuentro con el cuerpo y sus símbolos

Secretos tántricos para hombres – Kerry Riley y Diane Riley

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Lo que toda mujer deseará que su hombre conozca, sobre la forma de realizar el éxtasis sexual

Haciendo el amor como una experiencia espiritual

En los antiguos textos de China y la India está escrito que era común que a los emperadores, reyes y nobles se les entrenara en el arte de hacer el amor, para que fueran apasionados amantes hasta los noventa años de edad y tuvieran hasta veinte consortes, a las que mantenían sexualmente satisfechas. En la clase gobernante, el poder de un hombre se medía por el número de esposas que pudiera mantener satisfechas. A un marido se le respetaba más por satisfacer a su esposa que por cualquier otra cosa.

En las antiguas culturas de Egipto, Arabia, India, Nepal, Tíbet, China y Japón, la poligamia era común, así que era esencial para un hombre conocer las artes de hacer el amor.

En los textos taoístas de China está escrito que todas las noches el emperador debería hacer el amor a nueve consortes de su elección, yendo de los rangos más bajos hasta los más altos. En el libro Sexual Secrets: The Alchemy of Ecstasy [Secretos sexuales: La alquimia del éxtasis], los autores Nick Douglas y Penny Slinger citan un antiguo texto chino: “Al retener su semen por medio del dominio en el Arte del amor, el emperador concentra poderes adentro.  Entonces, en la luna llena, él da su semilla a la Reina del Cielo”. El propósito de un ritual como ese era otorgar poderes mágicos al niño que naciera de él.

Actualmente, la mayoría de los hombres eyaculan dentro de los primeros quince minutos de haberse involucrado en una relación sexual; ellos no habrían adquirido mucho respeto en la antigua China. En nuestros tiempos nos falta educación y pericia en el arte de hacer el amor, pero a pesar de eso, todo hombre tiene la habilidad de dominar estas destrezas sexuales.

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Una de las razones por las que me atrajeron estos estudios sobre erotismo y éxtasis, es que los antiguos textos del Oriente enseñan que el sexo era sagrado. Me agrada la idea de que mis relaciones sexuales sean benditas. Aquí no utilizo el término sagrado en el sentido convencional religioso de que algo existe, en algún lado encima de nosotros. Un punto de vista como ese, tiende a dividir la realidad en dos, teniendo a una degradada Tierra abajo y a un puro y santo Cielo en las alturas.

Las cosas en este plano terrenal pueden ser sagradas si tenemos los ojos para ver la santidad en ellos: el sagrado orden de la Tierra y el Cielo, de vida y muerte, de la mente, el corazón y el cuerpo. Podemos considerar a la misma existencia humana como sagrada, y, si así lo decidimos, darle a la relación sexual un sentido igual.

En la actualidad, muchas personas están buscando un crecimiento espiritual. La gente se impresiona cuando les digo que Diane y yo usamos nuestro amor sexual como una forma de volvernos más espirituales. Es probable que esto surja debido al hecho de que muchas religiones proclaman que si deseamos ser espirituales, debemos negar nuestros placeres terrenales. Tradicionalmente en las culturas oriental y occidental, el celibato era un requerimiento para aquellos que buscaban una vida espiritual.

Cuando era niño me enseñaron, como estoy seguro que a mucha gente, que el camino hacia Dios era a través de la oración y de ir a la iglesia. Pero en realidad, esas cosas nunca me dieron alguna profunda experiencia de Dios. A mediados de los años 1970s viajé por la India, donde me introdujeron a la meditación como una práctica para el crecimiento espiritual. Cuando la practiqué, esto me dio una vivencia que sentí era espiritual.

En el Oriente, a esto se le daba el nombre de experiencia mística. Este tipo de vivencia, a la que también se le puede llamar espiritual, es ajena para la mayoría de los occidentales. No es fácil de describir un estado místico, y sin embargo, cualquiera que lo haya experimentado, lo puede reconocer. La gente describe ciertos elementos comunes en estas vivencias, como una sensación de tranquilidad, eternidad, intenso conocimiento de que todo lo que vemos es vívido y de que lo que tocamos está muy vivo; una trascendencia de los pensamientos de la vida diaria; una expansión de la consciencia, un sentimiento de estar conectado con el cosmos o en unidad con todas las cosas. Algunos dicen que tienen una experiencia tangible de Dios; otros viven la beatitud de la unión con el Divino.

Algunos de estos elementos pueden estar presentes durante la relación sexual y cuando lo están, es importante reconocerlos como una experiencia espiritual. Estar en un elevado estado orgásmico es una experiencia mística. Es entendible que los antiguos sistemas espirituales como el taoísmo y el tantra reconozcan esto.

TANTRA Y TAOÍSMO

El tantra, una ciencia espiritual de la antigua India, y el taoísmo, de la remota China, son similares en su esencia básica. Los dos involucran el equilibrio de las energías masculina y femenina para crear armonía, y ambas tienen un principal objetivo de unidad espiritual con el universo, la fuente o el Dios interior.

En la mitología hindú, la interacción tántrica de las energías masculina y femenina se representó como Shakti y Shiva, y en el taoísmo con el yin y el yang. Su objetivo es crear la unión entre el cuerpo, la mente y el espíritu. En ambas tradiciones a la sexualidad se le ve y practica en un contexto espiritual.

Una de las diferencias entre el tantra y el taoísmo es que el primero está repleto de rituales y deidades religiosas, dioses y diosas, mientras que el segundo es más científico en su enfoque. Es probable que la gente que es más intuitiva u orientada al “cerebroderecho” sienta más atracción hacia el tantra, en tanto que quienes son más racionales y lógicos, más orientados al “cerebroizquierdo”, se verán atraídos por el taoísmo, aunque ciertamente ésta no es una regla.

En los seminarios que Diane y yo dirigimos, encontramos que, por lo general, a las mujeres les atrae más el enfoque tántrico y a los hombres el taoísta, por lo menos al principio. Sin embargo, conforme los hombres abren más los centros de su corazón y se conectan profundamente con sus mujeres, cambian al acercamiento tántrico a la sexualidad.

Se dice que el tantra es la más antigua fuente individual de conocimiento que se refiere a las energías de la mente, cuerpo y espíritu. Es el origen y la esencia del yoga, las artes marciales, el t’ai chi y las grandes filosofías de Buda, Confucio y Laotzu.

La palabra tantra significa “ampliar, ser libre, estar liberado”. Si en realidad vamos a ser libres, nuestra sexualidad no debe ser reprimida; se debería vivir en su totalidad con alegría y sin culpa. Entre más escondamos nuestros deseos sexuales, estaremos más sujetos a ellos; y si reprimimos nuestra sexualidad, tendremos más deseos de explorar. Lo triste es que al reprimirla, frecuentemente explota en formas peligrosas. La evidencia del abuso sexual a infantes, que ha salido a la luz durante las décadas pasadas, es un ejemplo de lo que puede pasar como un resultado de la supresión.

El tantra siempre enfatiza la santidad del sexo; enseña que no debería haber represión o culpa ligadas al sexo. También, enseña que cuando un hombre se acerca a su amada, debería llevar un sentimiento de lo sagrado, como si estuviera entrando a un templo. El tantra dice que, para conocer la verdad sobre el amor, usted necesita aceptar la santidad del sexo.

Existen reliquias de rituales tántricos, que datan de hace casi cinco mil años; los textos tántricos empezaron a aparecer a los pocos siglos del inicio de la Era Cristiana. Se especula que el tantra hindú, que apareció en el Tíbet, se puede haber originado con los antiguos taoístas en China, luego volvió a entrar a China cientos de años después y así, las prácticas sexuales taoístas se revitalizaron. A través de los siglos, muchas religiones dirigentes han desaprobado al tantra y al taoísmo, porque ambos sistemas usan la unión sexual como un vehículo para la iluminación, como una forma de experimentar una profunda conexión con Dios, el cosmos, el Divino o la fuente de toda existencia, cualquiera que sea el nombre que usted le dé, según sus creencias.

Sin embargo, la mayoría de los sistemas religiosos hacen del sexo un tabú, diciendo que aleja a la gente de Dios. Con el tiempo, este enfoque, predominantemente religioso, obligó a las prácticas tántricas a esconderse en la clandestinidad, donde los rituales tántricos se han conservado en secreto por cientos de años.

Sólo hasta hace poco las prácticas tántricas y taoístas se han interpretado, publicado y puesto a la disposición del estudio occidental. Esto ha sido renovador y esclarecedor para muchos de nosotros, porque nos ha ayudado a ver al amor y al sexo desde una perspectiva diferente. Empezamos a cuestionar nuestras propias actitudes y a darnos cuenta de que nuestra consciencia ha estado profundamente condicionada por nuestra formación cristiana, la que sugiere que la sexualidad es de cierta manera, el mal.

En la escuela nos han enseñado que el primer pecado en el Paraíso Terrenal fue cometido por Eva, cuando ella le ofreció a Adán la manzana del Árbol de la vida. Pero eso no es pecado. Lo que es pecaminoso es que algún hombre sexualmente inseguro inventara un Dios que no podría regocijarse en la naturaleza sexual de Adán y Eva. Es un tremendo error que el mismo acto del cual depende la procreación de la vida se describa como pecado. Se nos ha enseñado que debemos ser o espirituales o sexuales, que no debemos ser “atraídos por el demonio” por medio de los placeres del cuerpo. Aunque en estos días la mayoría de la gente consideraría a estas enseñanzas como ridículas, aún así esto afecta subconscientemente nuestras actitudes hacia el sexo y por lo tanto, llevamos esta negativa condición al hacer el amor.

Si fuéramos educados en una cultura en la que se reverencia la sexualidad, sería mucho más sencillo tener una saludable perspectiva hacia el sexo.

Una actitud tántrica hacia él, considera que es el más maravilloso regalo de Dios, es sagrado y que tener placer por medio del sexo es una oración a Dios, una manera de mostrar gratitud por nuestra existencia. El tantra ve a la unión sexual como una forma de generar una fuerza de vida a través del cuerpo, que es sanadora, rejuvenecedora y energizante; puede usarse como una meditación para alcanzar estados místicos de amor y consciencia.

Debido a que el tantra cubre toda la gama de la vida, acepta y respeta el amor sexual y el placer. No admite cualquier tipo de inhibiciones religiosas, culturales o tribales. Se trata de explorar lo extraordinario en su año y en su sexualidad, con la única salvedad de no causar daño a otra persona ni a usted. Nos enseña que merecemos todo el amor y el placer sexual que nos sea posible recibir; que el amor sexual es una forma de alcanzar los misterios del corazón, el alma, el dios y diosa que se encuentra dentro de toda persona. También predica que el sexo es una manera de crear un vínculo con un amante—física, emocional y espiritualmente—para crear un sentimiento de placer extasiado, profunda intimidad y consciencia expandida. Es una forma de trascender la vida diaria y el ego, para convertirse uno con su amada, ser uno con todas las cosas y dar la bienvenida a una experiencia tangible de Dios.

Los taoístas dirían que hacer el amor es el camino para la longevidad y que al aplicar ciertas técnicas, podemos rejuvenecer y despertar nuestros centros intuitivos. También creen que podemos usar nuestra forma de hacerlo, para curarnos a nosotros mismos y a nuestras parejas, porque cuando estamos en elevados estados de energía sexual, todo nuestro cuerpo se cambia y el sistema inmune se fortalece.

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Secretos Tantricos para Hombres – Kerry Riley

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Autor: giovaretino

Antropología y Sociología han sido mis campos profesionales y el saber que ha ocupado una buena parte de mi vida. Este blog está dedicado al cuerpo y sus símbolos.

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