Templo de Eros

Encuentro con el cuerpo y sus símbolos

Erotismo en el mundo antiguo II. Dioses enamorados de los mortales – Gloria Garrido

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dioses enamorados

Danae amada por Zeus

Por otra parte, la iconografía relacionada con este dios estaba asociada a grandes falos.  Uno de ellos, enorme, era llevado en procesión durante las phallephória, otras fiestas dionisiacas celebradas entre febrero y marzo, y seguido por familias enteras de devotos, cada uno de los cuales portaba a su vez un pequeño falo en la mano a modo de cirio.  Muchas otras eran las fiestas que se celebraban en la antigüedad en honor a otras deidades de la fertilidad, entre ellas las Afrodisias de Egina y Corinto, durante las que las heteras, prostitutas de lujo, bajaban sus tarifas;  o las celebradas en honor a Adonai en Roma.  En cualquiera de ellas es evidente la pervivencia de antiguos ritos neolíticos propiciatorios de fecundidad, como el enterrar órganos sexuales marcados, o recitar obscenos poemas.

Como es lógico, este tipo de fiestas y cultos religiosos a la fertilidad y la sexualidad, dio lugar a la creación y utilización de objetos eróticos de contenido poco claro para los cristianos del siglo XVIII.  Aunque, en realidad, se puede pensar que los puritanos eruditos que tuvieron que enfrentarse a la tarea de explicar al mundo el significado de lo que la arqueología fue descubriendo en los dos últimos siglos, tenían el camino allanado, pues era de dominio público que, como dice Juan Eslava: “Desde los tiempos de Homero y Hesíodo, los mitos griegos crecieron hasta formar un intrincado culebrón en el que los enredos de cama predominan sobre el resto de las humanísimas pasiones de dioses y héroes”.

El nacimiento de Adonis

Las leyendas relataban una y otra vez como dioses viriles se enamoraban perdidamente de las mujeres mortales y las raptaban, rescatándolas así del aburrido trato que sus maridos, ocupados en otros asuntos, las prodigaban.  Y ¿qué hombre se habría atrevido a castigar al divino ser que mejoraba además su descendencia de ese modo?  Zeus, empeñado en dar ejemplo, recurría a engaños de todo tipo para seducir a sus bellas víctimas.  A menudo se transformaba en toro, cisne o lluvia de oro.  Incluso no vacilaba en alterar las leyes del universo para propiciar sus hazañas amatorias, como cuando se acostó con Alcmena, madre de Hércules, y ordenó que el Sol no saliera en tres días para que la romántica noche durara setenta y dos horas.

Pero, cuando la arqueología tomó impulso y empezó a desenterrar otras fuentes distintas a las literarias, los eruditos quedaron atónitos al ver como las leyendas cobraban vida en forma de sugerentes estatuas de mármol resplandeciente, o se plasmaban en cuerpos desnudos dibujados con finos trazos, y sin ningún pudor, sobre la arcilla de las vasijas.  Aunque, dejando a un lado los objetos de culto religioso, ya de por sí bastante exagerados, si algo realmente escandalizó al mundo decimonónico fue el hecho de confirmar lo que Platón había sugerido con hermosas palabras en “El banquete”.  Es decir, que la pederastia era una institución en la antigua Grecia, algo corroborado por las abundantes escenas eróticas que decoran la cerámica usada, especialmente en el período comprendido entre los años 570 y 470 a. de C., por las clases acomodadas.  En gran cantidad de estos vasos pintados se puede ver a un hombre adulto acariciando a un efebo mientras éste toca respetuosamente la barba del hombre.  Pues bien, esta imagen considerada hoy como algo perverso, resulta estar reflejando un comportamiento ritualizado en la sociedad ateniense, sobre todo entre los intelectuales y militares.  No resultaba extraño que un hombre adulto se sintiera atraído por la belleza física de un adolescente, de hecho los gimnasios, donde los jovencitos se ejercitaban desnudos, eran muy frecuentados por hombres mayores.  Sin embargo, aunque permitida por la sociedad y los padres, la relación entre un joven y un adulto debía observar ciertos requisitos.  El niño no podía tener menos de doce años ni más de dieciocho, y el adulto tampoco podía ser mayor de treinta.  Además tenía que conferir varios beneficios a su protegido: regalos, status social, educación en varios campos… quizá más de lo que un padre puede dar a su hijo, o un maestro a su pupilo.  El precio que el efebo pagaba era su esclavitud sexual.  La mitología griega muestra sin tapujos parejas pederásticas como Aquiles y Patroclo, Gamínedes y Zeus.  Se dice también que Sócrates, Platón, Sófocles, incluso Julio Cesar, practicaron la pederastia de mayores y de jovencitos. Aunque hacia el final de su vida Platón definió el amor homosexual como contrario a la naturaleza.

Zeus y Ganímedes
Según la moderna antropología este tipo de relación correspondía a un rito de paso en el que el muchacho, antes de integrarse en la sociedad, ha de sufrir un noviciado iniciático por parte del adulto que hace las veces de tutor y amante.  Los mismos griegos creían que esta institución provenía de Creta, donde los adultos secuestraban en un rapto ritual y simulado a los adolescentes para devolverlos a sus familias, al cabo de dos meses, cargados de regalos.  El secuestro ritual cretense fue imitado en otros lugares de Grecia como Corinto o Tebas.  Aunque en esta última ciudad se decía que tal costumbre se originó con el mítico secuestro realizado por el rey Layo sobre Crisipo, hijo de Pélope.  En cualquier caso, nadie tomaba estos raptos como una deshonra y los jóvenes secuestrados no se ocultaban sino que recibían tratamiento honorífico y se les cedían los mejores lugares en bailes y carreras.  Incluso llevaban una prenda especial, que a veces era un vestido de sus protectores, para que se les distinguiera.

Avergonzados por tales costumbres algunos eruditos han pretendido, sin embargo, que las pinturas en que se ve al adulto regalando a un adolescente una liebre u otro animalito, o conversando con él, son escenas de caza, pero en realidad los dibujos en cerámica muestran con precisión todos los pasos que constituían parte del cortejo formal que el adulto debía seguir para hacerse querer por el joven.  Este a su vez, como también se puede ver en las cerámicas, se hacía valer, lo mismo ocurre aún con algunas mujeres, despreciando disimuladamente los regalos.  El puritanismo y los condicionamientos culturales interpretaron también otras imágenes en las que se ve al adulto copulando entre los muslos del adolescente como una pareja de luchadores enzarzados en una llave de lucha grecorromana.


Y los hay aún más “estrechos de miras”, como el arqueólogo sir Kenneth Dover, que descarta por completo la penetración anal entre adulto y adolescente, alegando que hay escasas representaciones sodomíticas entre las miles de escenas amorosas que la cerámica griega nos ha legado.  Quizá tenga razón, aunque tampoco hay escenas de hombres copulando con sus esposas, cuando se representan coitos heterosexuales las modelos femeninas son siempre heteras o prostitutas, y sin embargo los griegos también copulaban con sus mujeres a juzgar por su numerosa prole.  Sólo a partir de los años cincuenta de nuestro siglo algunos autores comenzaron a admitir que la pederastia fue extensamente practicada en Grecia ya antes de los dorios, y que en el siglo VI era una institución.  Curiosamente, sin embargo, entre los dieciocho y veinticinco años, los hombres debían abstenerse de toda actividad pederástica.  Para evitar las tentaciones las leyes determinaban que las personas entre esas edades se abstuvieran de frecuentar el gimnasio (prohibido expresamente en una ley de Borea, como consta en una estela del siglo II.  Se pretendía así que estuvieran más inclinados a los roles sexuales activos.

Todas las fotos y los textos están tomados de la revista MISTERIOS DE LA ARQUEOLOGÍA Y DEL PASADO.     Año 2 / Núm. 16  1998
Artículo titulado:  SEXO EN EL MUNDO CLÁSICO.

http://www.leopoldoperdomo.com/erotismo.html

 

 

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Autor: giovaretino

Antropología y Sociología han sido mis campos profesionales y el saber que ha ocupado una buena parte de mi vida. Este blog está dedicado al cuerpo y sus símbolos.

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