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Encuentro con el cuerpo y sus símbolos

Frotteurs y sobones en el metro y en las aglomeraciones: la otra tradición navideña – Alba Ramos Sanz

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froteur navideño

Con la Navidad llegan también las aglomeraciones en las calles, en el transporte público, en las tiendas… El perfecto panorama para un frotteur.

Los babosos se nutren precisamente de estas aglomeraciones de personas para llevar a cabo su cometido: tocar sin ningún tipo de escrúpulo ni –por descontado– permiso, a las mujeres que se cruzan en su camino.

En estas fechas tan señaladas, en las que la gente se echa a las calles a festejar, habrá pocas mujeres que no se hayan encontrado con la situación de que un individuo se pegue a ellas “disimuladamente” aprovechando los empujones del gentío y, de ser pillado, se excuse en que le hayan empujado.

No hablamos de piropos, miradas o comentarios fuera de tono. Hablamos de sobrepasar la raya y tocar a las mujeresPegarse, acercarse y frotarse, es mucho más sencillo cuando estás rodeado de gente, y lo saben. Activos durante todo el año, los sobones encuentran en las masas navideñas la oportunidad para, una vez satisfecho su objetivo, escabullirse entre la masa.

Pegarse, acercarse y frotarse, es mucho más sencillo cuando estás rodeado de gente, y los ‘frotteurs’ lo saben

Pero, ¿quiénes son? ¿Dónde suelen estar? ¿Podemos identificarlos? ¿Cómo pueden las mujeres defenderse de estas agresiones? ACyV ha hablado con dos psicólogos expertos en sexología para dar explicación al porqué de estos comportamientos vejatorios con la mujer.

El perfil del sobón

El psicólogo y sexólogo Raúl Padilla explica que hay que diferenciar entre dos tipos de perfiles: aquellos individuos que lo hacen porque sus vidas son aburridas y los que padecen algún tipo de parafilia. En el caso de los segundos, se trata de personas que realmente padecen una enfermedad. Sus actos responden a una expresión sexual no convencional que puede llegar a ser agresiva para la otra persona.

“Se trata de personas que simplemente disfrutan frotándose sin buscar el miedo de la otra persona. No pretenden reivindicarse sobre su víctima sino satisfacerse a sí mismos”, comenta Padilla. “Para ellos la mujer es una cosa, es la personificación de un objeto sexual para el placer propio sin tener en cuenta absolutamente ni sus sentimientos ni que haya una complementariedad ni excitación por la otra parte”.

Su modus operandi consiste en vulnerar el espacio vital de otra persona para frotar contra ella sus genitales sin llamar la atención. Cuanto más anonimato consiga, mejor. “Si alguien le mira se pone colorado y se va corriendo”, subraya el experto en sexología.

Su modus operandi consiste en vulnerar el espacio vital de otra persona para frotar contra ella sus genitales sin llamar la atención

“En el fondo son gente muy tímida que no se atreve a enfrentarse a una relación sexual adulta”, explica Esteban Cañamares, psicólogo especialista en sexología y relaciones de pareja. “Como no son capaces de tener una relaciónde verdad cara a cara, se valen de estas cosas para satisfacer sus impulsos sexuales”.

Dónde actúan los ‘babosoak’ navideños  

Cualquier aglomeración puede servirles: cabalgatas, celebraciones de fin de año, mercadillos y todo tipo de eventos bulliciosos se convierten en los sitios preferidos para los ‘babosoak’ navideños.

Los frotteurs utilizan un mecanismo de actuación parecido al de los voyeurs y otros perfiles de personas incapaces de vivir su sexualidad de una forma normal: “Necesitan pasar desapercibidos, buscan las aglomeraciones para encontrar el anonimato porque no quieren ser vistos como personas”, explica Cañamares

Uno de los lugares más comunes en los que podemos toparnos con un frotteures el transporte público en las horas puntas, cuando hay bastante gente: “En el metro de Madrid, por ejemplo, hay muchísimos. Están localizados y les puedes ver”, indica Padilla.

Sin embargo, aunque podamos señalar dónde actúan, el verdadero problema es identificarlos. “No hay ninguna característica externa que los identifique”, incide Cañamares, por lo que sus actos tienden a quedar impunes y se mantiene su ansiado anonimato.

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Cómo pueden protegerse las mujeres

Ante la alternativa de denunciar estos abusos la realidad es que “las mujeres no van a ser escuchadas y, es más, van a tener que demostrar lo que ha pasado”, comenta Padilla: “A ellas se les pone en el punto de mira e incluso se las juzga como posibles culpables de ir provocando cuando realmente son las víctimas”.

No obstante, el psicólogo subraya que las mujeres pueden defenderse de estos ataques “con la voz y la firmeza suficiente como para tener el apoyo social del entorno”. Una actitud de rechazo tajante ante el acercamiento de un frotteurpuede resultar la clave para quitárnoslos de encima y evitar que molesten a otras chicas: “Hay que decirle a esa persona que sus actos están mal y que sea consciente de lo que está haciendo”.

Las mujeres deben enfrentarse a los sobones siempre proyectando confianza y calma, y, sobre todo, siendo muy claras en su comunicación verbal y no verbal. “Mirarle fijamente a los ojos –intentando que no le tiemble el gesto ni desviar la mirada– y desde luego colocar algo en medio para separarle”.

Lo ideal sería que la mujer reivindicase su espacio. Que le haga entender a la persona que le está agrediendo que está haciendo mal, que lo que está haciendo es un delito y que debe dejar de hacerlo en ese mismo momento

Es fundamental marcar la distancia entre el agresor y la víctima con cualquier objeto que tengamos a mano: un bolso, una carpeta, bolsas con compras, un paraguas… Se aprovechan de las aglomeraciones para pegarse al máximo y excusarse en la falta de espacio.

Es necesario reivindicar nuestro espacio vital marcándoles hasta donde es entendible su acercamiento y evitando que su cuerpo se pegue y frote contra el nuestro, “y, sobre todo, no dar muestras de sumisión, ni mirar para abajo y salir corriendo porque de este modo es el agresor el que gana”, aconseja Padilla.

La sociedad encubre a los babosos

El problema de las agresiones sexuales a mujeres –sean grupales o en solitario– necesita de un rechazo por parte de la sociedad. Incidentes como los acontecimientos ocurridos en San Fermines o en las fiestas patronales de Sant Joan en Ciutadella (Menorca), por poner dos ejemplos conocidos, demuestran que aún se mantiene abierto el debate sobre si estos comportamientos vejatorios con las mujeres son o no razonables y justificables.

“Lo primero que habría que hacer es educar al varón en valores, pero esto es una tarea a largo plazo”, comenta Padilla: “Lo ideal sería que la mujer reivindicase su espacio. Que le haga entender a la persona que le está agrediendo que está haciendo mal, que lo que está haciendo es un delito y que debe dejar de hacerlo en ese mismo momento”.

Un problema social que parte de la educación y creencias culturales y sociológicas implantadas y que deriva en el encubrimiento de estas agresiones por gran parte de la población que prefiere mirar para otro lado, y al final a quien protegen es al acosador, no a la víctima.

ALBA RAMOS SANZ

19.12.2014 – 05:00 H.

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2014-12-19/cerdos-y-sobones-otra-tradicion-navidena-de-la-que-nadie-habla_594392/

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Autor: giovaretino

Antropología y Sociología han sido mis campos profesionales y el saber que ha ocupado una buena parte de mi vida. Este blog está dedicado al cuerpo y sus símbolos.

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